A ver… a principios de los 90, cuando Internet
era tan desconocido que incluso creíamos que era cosa del diablo… pues sí;
pensábamos que la cadena podría ser verdad… y la enviábamos; pero a estas
alturas… ¿conoces a alguien al que se le haya cumplido la maldición? No; pero a
ti te sigue quedando la duda… “¿y si es
cierto?” y lo envías. Por si las moscas. Y, por si acaso, cruzas los dedos
para que no te llegue de nuevo. ¿Sabes de dónde viene lo de cruzar los dedos?
Resulta que antes de la era cristiana, existía la
costumbre de que dos personas enlazaran sus dedos índices formando una cruz
para expresar un deseo; una apoyaba a la otra mentalmente para que éste se
cumpliera. Hoy en día estamos tan liados que decimos: “¿Para qué?” “Mejor me los cruzo yo solito no vaya a ser que el otro no
desee lo mismo que yo y la liemos”.
A ver… ¡alma de cántaro!... ¿Qué puede tener de verdad esta maldición que
está basada en la última cena que Jesús tuvo con sus doce… ¡DOCE! Apóstoles, un
jueves… ¡JUEVES! Santo? Encima… ni siquiera es igual en todo el mundo; que en
Estados Unidos la pusieron en viernes para poder hacer una peli y aquí la
dejamos en martes para que Josema Yuste se hiciera famoso.
Vivimos rodeados de supersticiones que, como llevamos una vida tan
tranquila y llena de paz… pues es lo que necesitamos para dar vidilla a nuestro
día a día ¿no?
Tú estás en casa comiendo tranquilamente y tu marido te pide que le pases
la sal, a lo que tú respondes que nanai
porque sabes que trae muy mala suerte. Así que le das un empujoncito para
acercársela y entonces… ¡Ooohhh! La derramas sin querer. ¡Maldición! ¡Siete
años de mala suerte! Te levantas corriendo y te echas sal por encima del hombro
para deshacer la maldición. ¡Bien! Pero claro, ahora la sal está por todo el
suelo, así que coges el cepillo y empiezas a barrer y, otra vez sin querer (o
no) le barres los pies a tu marido. “Vaya…
ahora no te podrás volver a casar”, le dices con pena. Y él piensa para sus
adentros: “Como si alguna vez lo hubiese
pensado”.
Todo esto se solucionaría si llevásemos siempre encima un amuleto… algo
que, como pierdas, te puede dar un ataque de pánico; algo como una pata de
conejo. Pero ¿por qué una pata? ¿por qué de conejo? Según los celtas, cada
pueblo descendía de un animal, que no podía ser cazado ni comido. Y ellos
solitos decidieron que el nuestro era el conejo. ¡El conejo! Si hubiesen dicho…
no sé…el ñú… pues lo entendería; pero el conejo… Por favor… si nosotros nos
comemos el conejo de cualquier manera: “Conejo
al ajillo”, “Conejo con arroz”, “Arroz con conejo”, “Conejo a mi estilo”…

Y es que las supersticiones están pensadas
a mala leche. Sí, porque tú estás ahí teniendo mucho cuidado de no abrir la
boca porque no quieres
compartir las buenas noticias hasta que estén confirmadas por miedo a que no se
cumplan y claro, al final resulta que, o te comes los muñones de las manos
porque ya has acabado con las uñas… o revientas. Y una vez reventada… las
buenas noticias no sirven de nada.
Y luego hay cosas muy raras. Por ejemplo: ¿hay
alguien que abra los paraguas dentro de casa? Si es que, con el tamaño de las
viviendas, eso es casi imposible. Y, que si no hay que empezar el día con el
pie izquierdo… yo, es que. sinceramente, cuando me levanto no me entero ni de
que me he levantado. ¡Como para fijarme en qué pie apoyo primero! Eso sin
contar los días que me caigo de la cama. Esos días… ¿qué? ¿Me encuentro en un
vacío pedestre? Y encima nadie dice nada de con qué pie hay que acostarse. Pero
da igual, porque si tocas madera y dices “lagarto,
lagarto” no tienes que temer nada. Y si algo malo te pasa o tienes un mal
día, como lo sobre-analizas todo, acabas encontrando un motivo sin sentido: "Ahhh…
vale… me he caído por las escaleras, porque Mercurio está retrógrado y mi signo
en Venus… no porque yo no sepa andar con tacones”
Pero la lista sigue y sigue. Lo peor que te puede
pasar es que vayas a una fiesta de cumpleaños vestido de amarillo que, si no
eres Moliére ni actor, te va a dar lo mismo y que, en el camino, tengas que
pasar por debajo de una escalera, sin haber encontrado un trébol de cuatro
hojas (que eso ya es de ser torpes, porque en Amazon encuentras las semillas a
muy buen precio), que, el que cumple los años sea un primo tuyo bizco que te haga
brindar con agua y que encima no apague todas las velas de la tarta de una vez. Y, para que sea todo perfecto... el espejo que le ibas a regalar se te ha roto en el
trayecto.
No; no me olvido del famoso gato negro, pero…
¿qué quieres que te diga? Si un gato negro se cruza en
tu camino, únicamente significa que va a alguna parte. Y nada más. La única cosa
que está científicamente probada por la Universidad de Wichita que trae muy
mala suerte es encender una cerrilla para encontrar una pérdida de gas. Punto.
Lo demás… lo que te quieras inventar.
Y, hasta la próxima entrada y sea el día que sea... ¡¡¡Feliz Fin de Semana!!!
